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12 minutos que lo cambian todo.

Autor: @davidhthe1st

El 19 de agosto se lanzó Twelve minutes, uno de mis juegos más esperados de este año. La obra desarrollada por Luís António y publicada por Annapurna Interactive, está disponible para PC y XBOX One/Series, además de haber sido lanzamiento del día 1 del XBOX Game Pass.

Conocí el juego por primera vez en la presentación de Microsoft correspondiente al último E3 y fue uno de esos momentos en los que comencé a tirar billetes a la pantalla durante nuestro stream del evento. Debido al tipo de juego que se intuía en lo que habíamos visto, intenté no leer demasiado sobre el juego, incluidos los análisis o las impresiones previas, por lo que, más allá de las ganas de probar un juego que en principio apostaba por algo diferente, tampo se podría hablar de hype.

Sin ser un portento y sin grandes alardes, Twelve Minutes cumple a nivel técnico (gráfico, sonido…) y rinde bien (por si sirve, lo he jugado en Series X). La obra discurre en un pequeño entorno cerrado y logra que nos sintamos en todo momento en la piel de su protagonista.

Las primeras impresiones son buenas. Comenzamos a conocer a los personajes, unas interacciones curiosas, parte de la historia… y pronto nos encontramos con la mecánica principal del juego.

Twelve Minutes nos atrapa un bucle temporal y nuestro objetivo es ir ahondando en la trama durante cada bucle, basándonos en la información obtenida en el anterior.

Sin entrar en grandes spoilers, en Twelve Minutes nos atrapa un bucle temporal y nuestro objetivo es ir ahondando en la trama durante cada bucle, basándonos en la información obtenida en el anterior. El período se reinicia o bien alcanzando los famosos 12 minutos, o al llegar a ciertos eventos (también podemos hacerlo voluntariamente en cualquier momento).

El factor temporal juega un papel muy importante, ya que hay interacciones y conversaciones que ocuparán buena parte del tiempo del que disponemos, por lo que hay que memorizar y calcular bien los pasos que queremos seguir para poder llegar hasta la información que buscamos antes de que todo se reinicie.

Y es ahí donde, por desgracia, se le empiezan a ver las costuras al juego. Al inicio, las pistas se van encontrando de forma más o menos lógica y tenemos margen para experimentar, por lo que se mantienen el interés y la diversión. Sin embargo, con el paso de los bucles, las interacciones necesarias para avanzar van perdiendo en parte esa lógica y la historia trata de mantener la chicha mediante algún que otro giro más propio del guion de Gata Salvaje.

La historia trata de mantener la chicha mediante algún que otro giro más propio del guion de Gata Salvaje.

El juego se puede considerar una aventura gráfica, un point-and-click de toda la vida, pero no profundiza lo suficiente en las mecánicas esperables en un juego del género, por lo que las herramientas que el jugador tiene en las manos no siguen necesariamente el ritmo del propio juego en secciones más avanzadas de la obra.

Sea como fuere, desde Hashtag Jugando siempre aplaudimos la apuesta por juegos que buscan ser diferentes y destacar en una industria sobresaturada, tanto del desarrollador (que tiene mucho mérito), como de la distribuidora y de la propia Microsoft por darle tanta visibilidad al juego.

Recomendamos sin duda que, si os atrae el concepto del juego, como mínimo le deis una oportunidad porque merece la pena como concepto de juego, sobre todo si pertenecéis a la gran familia del Game Pass: un entorno ideal para que juegos diferentes tengan su oportunidad de llegar al gran público.

Sin embargo, avisamos de que, si bien el concepto es bueno, no todo vale en pos de mantener el interés y el impacto al jugador. El juego cruza varias líneas que nos llevan a un terreno entre la telenovela, lo absurdo… e incluso lo desagradable. Eso no tendría por que ser negativo por si mismo… si no se hiciese tan gratuitamente.

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