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El tutti frutti de los videojuegos

Había muchas esperanzas depositadas en Crimson Desert. Pearl Abyss, el estudio surcoreano detrás del popular MMORPG Black Desert Online, llevaba años prometiendo su gran salto al mundo de los títulos de un solo jugador, y el resultado es, en muchos sentidos, exactamente lo que prometían los tráilers: un mundo de fantasía épica, tecnológicamente asombroso, repleto de cosas por hacer. Y al mismo tiempo, es menos de lo que esperábamos donde más importa.

Tomamos el control de Kliff, líder de los Greymanes, una compañía de mercenarios que opera en el continente de Pywel. Tras una emboscada mortal, Kliff es resucitado por fuerzas sobrenaturales y embarcado en una odisea para salvar este mundo fracturado. El punto de partida es sólido —incluso atractivo—, pero la narrativa se deshace pronto en un batiburrillo de tramas que raramente consiguen emocionarnos.

Un mundo que quita el aliento

Lo primero que hace Crimson Desert es dejarte con la boca abierta. Pywel es, sin exageración, uno de los mapas abiertos más impresionantes que ha dado el medio: montañas nevadas, ciudades de engranajes donde habitan seres mecánicos, ruinas flotantes en el cielo, junglas tropicales y tundras árticas conviven en un mapa colosal sin tiempos de carga. Desde cualquier cima puedes ver todo el mundo a tus pies, y esa sensación de escala es genuinamente emocionante.

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La exploración es, con diferencia, el punto más fuerte del juego. Cada colina esconde un secreto, cada cueva aloja un jefe, cada aldea tiene su propia historia visual. Hay un sentido de descubrimiento orgánico —heredero espiritual de Breath of the Wild y Dragon’s Dogma— que engancha sin remedio. Una tarde decidimos desviarnos del camino principal y terminamos robándole el sombrero a un árbol parlante, para entregárselo a unos espíritus que a cambio nos enseñaron una habilidad nueva. Esos momentos son Crimson Desert en su mejor versión.

«Pywel es uno de los mapas abiertos más impresionantes que ha dado el medio: desde cualquier cima puedes ver todo el mundo a tus pies.»

Un combate que crece contigo

El sistema de combate es otro pilar que aguanta bien el peso. Rápido, físico y espectacular, integra mecánicas de acción pura con agarres, lanzamientos y golpes de wrestling que en papel suenan absurdos y en pantalla resultan adictivos.

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Al principio puede abrumar —el esquema de controles es notoriamente poco intuitivo, algo que el propio estudio ha reconocido y está parcheando— pero a medida que se desbloquean habilidades el combate se vuelve uno de los más satisfactorios de la generación. Los enfrentamientos contra jefes, en particular, son espectaculares set-pieces que mezclan la escala de Shadow of the Colossus con la exigencia táctica de los soulslike.

Demasiado en el plato

Y aquí es donde la ambición de Pearl Abyss empieza a jugar en su contra. Crimson Desert quiere ser todo a la vez: RPG de acción, simulator de base, gestión de tropas, puzzles tipo Zelda, crafting de alimentos, caza, pesca, y un largo etcétera que hace que las primeras horas sean sencillamente abrumadoras. No porque cada sistema sea malo por separado —muchos funcionan bien de forma individual—, sino porque ninguno alcanza la profundidad suficiente como para ser el pilar definitorio del juego.

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El ADN del MMO del que proviene Pearl Abyss se nota demasiado: sistemas opacos que no se explican, inventarios que colapsan a las pocas horas, quests de recadero que se intercalan con misiones principales genuinamente emocionantes. Es como si el equipo no hubiese podido resistirse a añadir una capa más, y otra, y otra. El resultado es un juego que a ratos se siente como el más ambicioso del año y a ratos como uno que necesitaba seis meses más de pulido.

«El ADN del MMO se nota demasiado: sistemas opacos, inventarios que colapsan, y quests de recadero que se intercalan con momentos genuinamente brillantes.»

Una historia que no termina de despegar

Si el mundo visual convence y el combate enamora, la narrativa es el talón de Aquiles más evidente. Kliff es un protagonista correcto pero poco carismático, y los personajes que le rodean raramente dejan huella. El guion mezcla intriga política medieval con tecnología avanzada y profecías cósmicas sin que ninguna de estas capas se integre del todo. Hay momentos de espectáculo innegable —las cinemáticas tienen una puesta en escena deslumbrante— pero la sustancia emocional que hace memorables a los grandes RPGs brilla por su ausencia. Para cuando el juego intenta apostar por la epicidad, ya hemos perdido el hilo de por qué debería importarnos.

Una proeza técnica con algunos tropiezos

En el apartado técnico, Crimson Desert es un escaparate. El rendimiento en PC es sólido para las especificaciones requeridas, la distancia de dibujado es excepcional y los efectos de iluminación sitúan al juego en la vanguardia visual del sector. La banda sonora, orquestal y épica, acompaña a la perfección y eleva los momentos más intensos.

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El lanzamiento no estuvo exento de problemas —bugs de inventario, errores de compatibilidad en algunas tarjetas, controles que generaron quejas casi universales—, pero Pearl Abyss ha respondido con rapidez: un parche masivo con más de cien correcciones llegó a los pocos días y la valoración de usuarios en Steam ha escalado de «Mixta» a «Muy Positiva» en cuestión de semanas.

Los protagonistas son los gatos.

Crimson Desert es la paradoja del año: un juego que impresiona con cada horizonte que descubres y decepciona con cada diálogo que escuchas. Pearl Abyss ha construido uno de los mundos más bellos e inmensos del medio, lo ha llenado de combate espectacular y secretos genuinamente emocionantes, y después lo ha enterrado bajo capas de sistemas sin pulir y una narrativa que no hace honor al escenario que habita. Es mucho juego. A veces, demasiado. Pero sus mejores momentos —y los hay, muchos— apuntan a un estudio con un talento enorme que, con algo más de foco, podría darnos algo verdaderamente imprescindible en su siguiente entrega. Por ahora, Crimson Desert es un destino fascinante al que vale la pena viajar, aunque el viaje sea irregular.

POSITIVO


  • Mundo abierto de escala y detalle sin precedentes
  • Combate espectacular y profundo en el tramo final
  • Jefes memorables, casi cinematográficos
  • Exploración orgánica con recompensas genuinas
  • Proeza técnica visual y sonora
  • Contenido prácticamente interminable

NEGATIVO


 

  • Historia incoherente y personajes sin profundidad
  • Controles y UX intimidantes y poco intuitivos
  • Demasiados sistemas superficiales sin pulir
  • Diseño de misiones secundarias genérico
  • Gestión del inventario frustrante
  • ADN MMO que lastra el ritmo narrativo
7,2 No solemos poner nota a los juegos, pero este 7,2 refleja a nuestro parecer, la esencia del juego.

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